jueves, 5 de enero de 2012
VARIACIONES CONCERTANTES A LA LUZ DE LOS CREPÚSCULOS, ensayos y entrevistas de Tomás Barna
OBERTURA, por el autor.
A la manera de César Franck… estas “variaciones concertantes” intentan fusionar la música y la poesía a través de la palabra, enriquecida por cadencias musicales y vuelos líricos, aspirando a concretar lo que considero el logro mayor de la literatura: la creación poética. Y esto en cualquiera de los géneros literarios: la poesía propiamente dicha, la narración, el ensayo, la crítica y el reportaje.
Tal vez los dos faros más luminosos de la humanidad, en este aspecto, sean Charles Baudelaire y Jean Cocteau, quien llegó a asegurar que en todo lo que él creaba (poemas, ensayos, cuentos, diarios íntimos, crónicas, teatro y cine) si no se respiraba un hálito poético… no servía. Esa concepción lo llevó a crear su excelsa obra literaria y periodística a Tomás Eloy Martínez, en quien tanto he pensado al decidir la publicación de estas vivencias. Y así concibo, yo también, la escritura: una sutil y a la vez fluida combinación de soplos estéticos, metafísicos y poéticos, imbuidos de un eminente calor humano.
Son “Variaciones”, por lo variado del temario expuesto.
Y “Concertantes”, porque hay entre estos temas una íntima relación espiritual, una profunda afinidad. Laten al unísono. Son motivos que surgen de seres que se han movido, incesantemente, al ritmo de una estremecedora explosión de vitalidad.
Y… ¿por qué “a la luz de los crepúsculos”?
No debemos ignorar que existen dos momentos crepusculares: el del sol naciente y el del sol poniente (el amanecer y el anochecer), en los cuales prevalecen los tonos anaranjados y lilas, violáceos con tendencia hacia el azul amatista. Y existe una íntima relación entre esta sinfonía de la naturaleza y ciertos pensamientos y estados de ánimo que revelan un grado de embriaguez transitoria que desemboca en una exaltación creadora lindante con las magnificencias singulares del éxtasis.
Pues bien: al entrar en contacto con los seres que he entrevistado, y al tratar los temas que bailotean en estas páginas, he sentido lo que acabo de expresar.
Si Charles Baudelaire -en uno de sus “Pequeños Poemas en Prosa: ”El crepúsculo”- nos murmuró: “…y los pensamientos cobran ahora los tiernos e indecisos colores del crepúsculo”, yo no puedo silenciar que lo vertido en este libro-transcripción de profundos encuentros espirituales- equivale a ese sentimiento que me ha hecho tan feliz cada vez que he vivido horas de plenitud a la luz de los crepúsculos, y que sintetizo en esta frase: la hora del sol naciente- así como las últimas vibraciones de los cromos del poniente-encienden, en mí, el ardiente anhelo de abrazar el infinito.
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PRÓLOGO de LUIS ALPOSTA
Como es sabido, la literatura empieza por la poesía. El verso es anterior a la prosa y, en este libro de entrevistas periodísticas y crítica de arte, en el que no hay una sola de sus páginas que no tenga algo, o mucho, de poético, hay, también, literatura.
Tomás Barna recopila aquí, en la primera parte de estas “Variaciones concertantes a la luz de los crepúsculos“, una serie de entrevistas magistrales realizadas a lo largo de casi una veintena de años, a escritores y consagrados autores de tango.
Entre ellos figuran: Abelardo Castillo, Bioy Casares y Borges; Sigfredo Pastor, Mario Solomonoff y Nelly Kaplan; Enrique Cadícamo, Homero Expósito y Horacio Ferrer; Sebastián Piana, Osvaldo Pugliese y Arturo Penón; Ada Falcón y Josefina.
Cada entrevista está orientada, no sólo a resumir una historia, sino también a recoger información sobre el pensamiento y el quehacer artístico del entrevistado, con especial atención al proceso creativo de sus obras.
Cada uno de estos encuentros tiene una historia diferente.
Se trata de entrevistas conversadas con inteligencia, en las que se manifiesta la sensibilidad de Tomás Barna, su sentido para interrogar y su manejo del tempo en el diálogo. Entrevistas en las que el lector puede descubrir parte de la vida de Pugliese; saber como nació la mítica dupla autoral de Piana y Manzi; filosofar y reflexionar sobre el tango con Borges y hablar con Abelardo Castillo sobre la existencia de Dios, el azar y la casualidad, la maldad y la estupidez.
Un libro en el que confluyen periodismo cultural y tango. Y, como dije al principio, periodismo cultural y literatura.
Cada entrevista ha sido especial. Cada encuentro ha tenido una historia diferente.
La visita a Borges en su departamento de la calle Maipú; su descubrimiento de Solomonoff en París, ciudad en la que Barna vivió un cuarto de siglo; su encuentro con “la emperatriz del tango” en Cosquín…
Sin haberlo hecho, por momentos da la sensación de que el autor ha seleccionado las mejores preguntas y respuestas del material que aquí se reúne.
En resumen: ¡un canto al diálogo!
Hasta aquí, la primera parte.
Después, un interludio en el que se habla de Cortázar, del tango y de “Trottoirs de Buenos Aires”, la ya mítica tanguería parisina de la que el autor de este libro fuera uno de sus fundadores.
Y finalmente, las críticas, sus críticas, a través de las cuales intuimos al apasionado lector y al conspicuo cinéfilo al que le gustan las películas que muestran lo que él ve, y los directores que, sin dejar de representar un enfoque personal, se hacen “invisibles”.
François Mauriac decía que “un mal escritor puede llegar a ser un buen crítico, por la misma razón que un pésimo vino también puede llegar a ser un buen vinagre”.
Pero no es éste el caso. Tomás Barna, además de ser un buen escritor es también un buen crítico, como lo demuestra en estas páginas. Sus observaciones, tanto las literarias como las referentes al cine, podrán ser discutibles; no así sus tratamientos.
Él, aquí, escribe in extenso sobre temas que le apasionan, y lo hace en nombre del criterio, del gusto literario, del conocimiento…
He leído con fruición y con el firme propósito de encontrar en él, dada su temática diversa, una “unidad”, “una coherencia interna”, “una propuesta global”, “un estilo”…
Y como era de esperar, lo encontré.
Luis Alposta, 10/03/2011
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COMENTARIO de FERNANDO SÁNCHEZ ZINNY
Variaciones concertantes a la luz de los crepúsculos
Por Tomás Barna (224 páginas)
Título poético de un libro que asimismo lo es, sin ser por eso de poesía. Nos lo acerca Tomás Barna, narrador, poeta, actor en ocasiones, guionista, crítico cinematográfico y dramaturgo, y siempre hombre de la radio y tanguero impenitente. Pasó un cuarto de siglo en París, dedicado a difundir la música del dos por cuatro, lo que ya es bastante, sobre todo porque, además, durante ese lapso supo impregnarse hasta el tuétano de lo mejor del espíritu y la cultura de Francia. Ahora, de regreso, resulta por demás comprensible que cuanto escribe –cualquiera sea el género– venga a recaer en memorias y que ése sea, justamente, su encanto y riqueza.
Tenemos aquí una selección de entrevistas realizadas a lo largo de años, sin duda redimensionadas en ciertos casos, según las perspectivas cada vez más complejas que se van abriendo ante el autor. Al presente, a éste “nada humano le es ajeno” y la vastedad de su inquietud por las manifestaciones del arte no conoce límites: desde Abelardo Castillo a Borges, desde Cadícamo y Homero Espósito a Ada Falcón, desde Sigfredo Pastor a Pía Sebastiani, desde Elia Kazan a “Marcelino, pan y vino”, desde Uslar Pietri y Eduardo Galeano a un canto rante en proximidades del Sena. Todo es puro anhelo de conocer y de transmutar esa sapiencia en el alambique de la pasión y el entusiasmo.
Barna es un hombre bien grande, que conserva en sí el vigor de una juventud avasallante, de una insaciable hambre de vida. Hace bien leerlo y su efecto es realmente tónico para quienes coinciden con él en que la expresividad del arte constituye la más bella y trascendente de las opciones posibles.
FSZ
Revista-Libro BARATARIA Nºs. 5 / 6
MINICUENTOS GRISES, minicuentos de Ricardo Rubio
PARA JUSTIFICAR A CAÍN, poesías de María Amelia Diaz
Poesías (2011).
Arte de tapa: Yekho Salazar Romero “Se alzó Caín contra Abel, su hermano, y le mató (Génesis 4, 8)”, 1985.
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El diablo me sigue noche y día
porque tiene miedo de estar solo
Francis Picabia
porque tiene miedo de estar solo
Francis Picabia
PARA JUSTIFICAR A CAÍN
En el principio fue la luz,
el día y la noche sin ventanas,
y un dios primerizo cumplido en todos los colores
/del agua.
En la redoma donde todo empieza, estaban las
/fragancias,
y el verde desteñido sobre el verde.
Después fueron los vientos, desde la línea inicial
/del horizonte.
Pero faltaba algo,
dos cuerpos apenas sombreados por el vello,
Él los formó desnudos, como si no hubiera
/tentación posible.
Había creado el Paraíso.
No,
no para que arrebatáramos la alegría al vértigo,
en su Paraíso reptaba la serpiente,
pero ellos no sabían,
y bastó la manzana para enviar al Ángel.
Fue un pretexto fugaz en el árbol primero,
fue la espada del Ángel y el hielo abrasando los
/huesos.
Después la historia se repite:
Eva y Adán / Adán y Eva
inocentes contra el mundo de la doble tiniebla,
la carne consumida por el dolor y el tiempo.
Y la primera violencia echando sus raíces bajo el cielo.
María Amelia Diaz
MONOCORDIA, poemario póstumo de José Martínez-Bargiela
Poemario póstumo de José Martínez-Bargiela (2010).
Arte de tapa: Sciammarella, caricatura de José.
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RETINA
Miro
desde donde no veo
la frutilla
de mi niñez
dorando
albares
de la casa
solariega.
El fresal
todo
cabe ahora
en asombros
de retina,
y aún
vuelvo
en la distancia
al frutal
de mi vida,
maduro,
de tanto soñar.
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LA ARAÑA
Mientras ella teje
sutilmente su tela,
la seda de
mi existencia
pende de un hilo
insalvable sin la baba.
Suficiente textura
el silencio
del espacio vacío
que me sostiene
el tiemblo.
Carente
de ingenuidad,
el miedo
me equilibra
en abrir y cerrar
de alientos,
soplos indecisos
atribulados
mis adentros
celdillas de trama
y trampa.
A urdir
me atrevo,
artesanías tangentes
entretejidos
de vida y muerte.
Revista COARTADAS Nº 4, de la Biblioteca Nacional
POETAS SOBRE POETAS, notas y ensayos de varios autores.
Ensayos (2011).
Juntadores: Jorge Cambiaso, María Amelia Diaz y Susana Cattaneo.
Prólogo de Leopoldo Castilla.
Gianni Siccardi por Rubén Balseiro
Carlos Alberto Débole por Julio Bepré
Joaquín O. Giannuzzi por Graciela Bucci
Antonio Aliberti por Luis Raúl Calvo
Jorge Luis Borges por Jorge Cambiaso
Roberto Juarroz por Cati Castaño
Alejandra Pizarnik por Susana Cattaneo
Ana Emilia Lahitte por Mirta Cevasco
Leopoldo Marechal por María Amelia Díaz
Ana Emilia Lahitte por Roberto Glorioso
Antonio Requeni por María Granata
Simón Kargieman por Irene Marks
Rosa María Sobrón por María Paula Mones Ruiz
María del Mar Estrella por Carina Paz
Héctor Miguel Ángeli por Cristina Pizarro
Carta para Alejandra Pizarnik por Antonio Requeni
Alberto Luis Ponzo por Ricardo Rubio
Francisco Madariaga por David Antonio Sorbille
Juan L. Ortiz por Graciela Wencelblat
Héctor Yánover por Irene Zava
Juntadores: Jorge Cambiaso, María Amelia Diaz y Susana Cattaneo.
Prólogo de Leopoldo Castilla.
Gianni Siccardi por Rubén Balseiro
Carlos Alberto Débole por Julio Bepré
Joaquín O. Giannuzzi por Graciela Bucci
Antonio Aliberti por Luis Raúl Calvo
Jorge Luis Borges por Jorge Cambiaso
Roberto Juarroz por Cati Castaño
Alejandra Pizarnik por Susana Cattaneo
Ana Emilia Lahitte por Mirta Cevasco
Leopoldo Marechal por María Amelia Díaz
Ana Emilia Lahitte por Roberto Glorioso
Antonio Requeni por María Granata
Simón Kargieman por Irene Marks
Rosa María Sobrón por María Paula Mones Ruiz
María del Mar Estrella por Carina Paz
Héctor Miguel Ángeli por Cristina Pizarro
Carta para Alejandra Pizarnik por Antonio Requeni
Alberto Luis Ponzo por Ricardo Rubio
Francisco Madariaga por David Antonio Sorbille
Juan L. Ortiz por Graciela Wencelblat
Héctor Yánover por Irene Zava
HISTORIAS DEL FIN, de Jorge Bach
Relatos (Septiembre de 2011).
Prólogo de Cristina Escofet:
ESPACIOS SIN FIN DE JORGE BACH
Historias del fin. Las historias van cayendo unas en otras, y nosotros nos sumergimos en relatos envolventes. Son Historias del fin, que paradojalmente no tienen ningún punto final. Son historias del retorno al origen. Son un juego de situaciones que espejan circunstancias de nuestra existencia.
Todo comienza con un árbol original (Ronald), el rosal que anticipa el tronco desde el cual se desprenden gajos, que como partes de sí, el autor elige a quien repartir. Y con este anticipo de gajos de una misma savia, nos encontramos con escenas de la narrativa que de la mano de sus personajes se ofrecen al lector como rama de ese árbol que siempre sigue naciendo.
Historias del fin, es un juego de reflejos en el que podemos mirarnos. El destino que ata (Mabel), los lazos familiares que asfixian hasta la venganza. El erotismo en silencio
(Margareth Helmholtz). La vulnerabilidad, la herida secreta (Angel). El espíritu detectivesco con lo mejor de la tradición de nuestros mejores historietistas (Oesterheld, Solano López) en un suspenso que nos promete un continuará (Pereira). El crimen en el nombre del padre, el impulso de la víctima de convertirse en victimaria e involucrar al entorno como cómplice (Verónica). El placer de la venganza (Elvio). El amor como refugio en un marco donde la libertad y la muerte suenan en la misma cuerda y donde el crimen no confesado se alía a la culpa como estigma familiar (Pablo-Nora-Mujeres de familia-Locura). La poesía y la magia de la mano del misterio (Aminias). Y finalmente el retorno al origen, donde principios y finales convergen, donde apocalipsis, caos y espacios sin rupturas se funden en el tiempo del no tiempo. Y nosotros dentro de ese devenir (Inicios del mito).
Historias del fin de Jorge Bach. Historias que no nos dejan afuera. Que nos permiten situarnos en el mundo de Bach, que regala rosas a quien quiere, donde los personajes narran y nosotros nos dejamos narrar por ellos.
Cristina Escofet
(Prof. de Filosofía-Dramaturga)
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